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Diario del confinamiento

Hace años confeccioné esta bolsa de emergencia para poder dibujar o pintar en caso de encontrarme de viaje en algún lugar donde no pudiera conseguir material para trabajar. La bolsa se compone de una libreta de papel de 15 x 15 cm, una caja de acuarelas Rembrandt, una caja de ceras Caran D’Ache, una caja con barras de grafito y pastel negro Faber Castell, un portaminas grueso, un pincel sintético de tinta china recargable con 4 cartuchos marca Cartridge, lápices de distinta dureza, pinceles de diverso grosor y forma, una goma, un sacapuntas, unas tijeras, un cutex y un flexómetro metálico de 1 metro.

La he necesitado en alguna ocasión, por eso la llevo siempre cuando viajo al igual que una Visa de crédito… nunca se sabe. Lleva escrito la palabra” Kunst” en homenaje a la bolsa que Joseph Beuys cargaba encima. Siempre la he asociado al viaje, a la precariedad, a las necesidades básicas de un artista, como el botiquín de emergencia de un viajero. Cuando cogí con urgencia algunas cosas para el confinamiento, ya que el estudio me pilla lejos de casa, la metí instintivamente en la mochila junto al ordenador portátil y los discos duros con toda la información acumulada en años. Gracias a ella llevo desde el sábado 14 de marzo (primer día de confinamiento) haciendo un pequeño dibujo y subiéndolo a las redes, como un pequeño desahogo, una rutina mínima que me vincule con el mundo que hay al otro lado de la pantalla del Mac. Veo los “me gusta” y los comentarios, las interpretaciones. Contesto algunos, otros me hacen gracia tal vez porque a mi no se me había ocurrido verlos de esa manera. Noto como el deseo de comunicarnos aflora con cualquier excusa…

De repente, esta mañana he caído en la paradoja que supone usar esta bolsa de urgencia por primera vez en mi casa, en esta cuarentena, cuando fue diseñada para todo lo contrario: salvarme en un viaje remoto, excitante… Entonces me doy cuenta que tiene todo el sentido, que este confinamiento es un viaje, un caminar incierto desde un punto hacia lo desconocido sin apenas moverse en el espacio. Es verdad que no lo había previsto, como nadie, pero en él me encuentro transitando las horas, los días, los cambios de luz y temperatura, los olores, los sonidos de la calle y los de mi propia casa. Haciendo de comer, recogiendo, limpiando, durmiendo la siesta para fraccionar el día, hablando con quien tengo cerca o simplemente observando los rincones de la casa en los que no había reparado… Si, efectivamente es un viaje. Un viaje del que no saqué billete para volver a las calles, y tampoco sé si el material de esta bolsa se agotará antes de llegar y tendré que recurrir a otros soportes. En cualquier caso, este diario gráfico que va surgiendo día a día, gracias a esta bolsa, no tiene mas intención que contarme y contaros como es la brisa que me da en la cara desde el vagón de mi escritorio

Diario del confinamiento de Ángel Haro

Y hasta aquí mi diario del confinamiento, desde el 14/03 al 10/05. Espero que a partir de ahora seamos responsables con lo que hacemos, porque es la única manera de protegernos a todos y salir de esta lo mas ilesos posible. Buena desescalada.

Ángel Haro